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Te escribo en la madrugada cargada de insomnio,como la habitación de hotel que aún aguarda la esperanza de volver a encontrar a alguien escondido en su cama, o como Britt en el último capítulo de Mujeres Desesperadas. En realidad no sé ni a quién escribo. Mi receptor se ha convertido en un álter ego que de vez en cuando se pasea por mis sueños y me jode la existencia.

Me rompí. Me rompí y oí como sonaba el ''crash'' en mis huesos, aunque con romperme no me refiera a algo físico o literal. No hay más miedo que el que se siente cuando ya no sientes nada. Y yo esa noche lo noté. Era la primera vez que salía sin llamarte y cuando te vi, lo supe. Estaba rota. Y tú lo notaste. Te acercaste y me abrazaste, como queriendo decir: sí, ha llegado el momento. Y nunca pensé que sería tan difícil. Tan complejo como sentir que lo único que te queda en este mundo es la vida que ostentas, porque todo tu mundo ya no te pertenece. Qué ridículos somos a veces.

Luego vinieron los llantos, y juró que a veces se puede llorar sin lágrimas, porque hay situaciones en las que la cabeza exige un perdón y un consuelo que el corazón se niega a dar. Hay veces, en las que la única escapatoria eres tú mismo, y no hay mayor agravio que las palabras de aquellos que, sin entenderte, quieren ayudar.

Hoy es veinte de Julio. y he asumido que estoy rota. Estoy rota porque en mi cabeza retumban todas las noches las palabras que gritaste cuando nos caímos con el coche en aquella curva, lo que le dijiste a mi padre o las conversaciones que duraban hasta más de las cinco de la mañana. Estoy rota porque te he necesitado como nadie más en este mundo lo hará, y tu no has estado. Y cada mañana esperaba que picaras al timbre, como siempre, con esa cara de dormido y ese humor inoportuno, pero ese momento nunca llegó, nunca llegará. Estoy rota porque ahora para ti todo es mejor, y no sé que cojones pude hacer mal cuando dedicaba mi tiempo simplemente a quererte, y a la mierda con el puto amor adolescente, yo no te quería con dieciséis años, yo te quería con veinte, con cuarenta, con setenta y nueve...Es que hay veces en la vida que uno no recibe lo que da. No porque no se lo merezca, sino porque la persona que debe corresponderle no sabe cómo. No fue mi culpa. no es mi culpa. Nunca sabrás querer a nadie, y aún así seguiré contestando al teléfono cuando me llames llorando porque ''nadie me entiende mejor''. Porque uno no puede dejar de querer en un día,ni en un mes,ni en un año.Y a veces la vida es esperar. Esperar lo que te gustaría que pasara y no pasará. Esperar que algo te sorprenda. Esperar la justicia o simplemente esperar tener la esperanza de esperar algo.









Lo mejor está por llegar o eso creo